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SESQUICENTENARIO  DEL RETORNO DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE CHIQUINQUIRÁ

El 25 de octubre de 1874 fue trasladada la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, desde la iglesia de Rionegro (hoy Concatedral de San Nicolás), hasta la capilla de la vereda El Tablazo, hoy templo parroquial, sede de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, nuestra casa común, la de todos, la familia que tiene a Dios por Padre y a María por Madre.

 

Desde ese día hasta hoy, María Santísima ha acompañado nuestro peregrinar de creyentes, discípulos de Jesús, que hemos salido al encuentro de su Hijo, descubriéndolo en cada hermano y en cada acontecimiento de nuestra historia comunitaria y parroquial. Ella, la siempre Virgen Madre de Dios, la “Bella flor del pozo”, ha sido testigo de nuestras fatigas y esfuerzos del camino; ante ella hemos desgranado, una a una, las avemarías del Santo Rosario, con la esperanza cierta de su amorosa intercesión.

 

Un día después, el 26 de octubre de 1874, con el alborozo y el entusiasmo que inspira la fe, se celebró en la capilla la primera misa. Fue María quien nos abrió el camino para encontrar a Jesús en la celebración eucarística, en su Palabra de Salvación y en la experiencia del hermano en la comunidad. Desde ese día, de manera ininterrumpida, el Santísimo Sacramento ha estado con nosotros, expectante, ofrecido a nuestra adoración, como oyente misericordioso que nos atrae con lazos de amor, nos escucha con bondadosa comprensión y nos responde como providente pastor.

 

Por estas razones, el sesquicentenario del retorno del cuadro de la Virgen de Chiquinquirá, reviste una singular importancia y un significado salvífico, pues recordar las maravillas del Señor, es motivo de gratitud y esperanza de nuevas bendiciones.

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